¡NO SOY PERFECTO SINO PERDONADO!

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¿Conoces personas que se creen perfectas?, ¿Qué nunca cometen errores?, ¿Qué todos los mensajes o predicaciones son para todos los demás, menos para ellos?, declaran su perfección a los cuatro vientos, diciendo tanta cosa buena de ellos y exhortando a los que no son tan buenos como ellos para que lo sean.

Pero este mal (porque sin duda es un mal), no es nuevo, siempre ha existido y lo podemos ver reflejado en la Palabra de Dios:

“Una vez, Jesús estuvo hablando con unas personas, de ésas que se creen muy buenas y que siempre están despreciando a los demás. A éstas, Jesús les puso este ejemplo: «Dos hombres fueron al templo a orar. Uno de ellos era fariseo y el otro era cobrador de impuestos». Puesto de pie, el fariseo oraba así: “Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres. Ellos son ladrones y malvados, y engañan a sus esposas con otras mujeres. ¡Tampoco soy como ese cobrador de impuestos! Yo ayuno dos veces por semana y te doy la décima parte de todo lo que gano”» El cobrador de impuestos, en cambio, se quedó un poco más atrás. Ni siquiera se atrevía a levantar la mirada hacia el cielo, sino que se daba golpes en el pecho y decía: “¡Dios, ten compasión de mí, y perdóname por todo lo malo que he hecho!”» Cuando terminó de contar esto, Jesús les dijo a aquellos hombres: «Les aseguro que, cuando el cobrador de impuestos regresó a su casa, Dios ya lo había perdonado; pero al fariseo no. Porque los que se creen más importantes que los demás, son los menos valiosos para Dios. En cambio, los más importantes para Dios son los humildes.»”

Lucas 18:9-14 (Traducción en lenguaje actual)

Al leer este pasaje podemos darnos cuenta fácilmente que gente que se cree perfecta siempre ha existido y déjenme decirles que esa clase de gente es la más difícil de poder ayudar cuando tienen algún problema, porque su misma sensación de perfección les hace sentir que no tienen problema alguno.

La única persona a la que no se le puede ayudar es la que cree que no necesita ayuda.

A veces la experiencia a través de los años vividos en el evangelio o el “mucho conocimiento” de la Palabra de Dios, puede llevar a una persona a creerse “perfecta” y a perder aquella humildad que un día tuvo para aprender todo lo que “ahora sabe”.

Durante mi caminar en el evangelio he sido testigo de muchas personas que un día tuvieron una humidad tremenda para aprender de Dios, con el tiempo el mismo “conocimiento” que fueron adquiriendo, los “puestos” que obtuvieron en sus Iglesias y el “respeto o reconocimiento” de la gente, los hizo creerse “perfectos” a tal punto que cuando cometían un error o fallaban en algo, nunca reconocían sus faltas.

Las personas que se creen perfectas corren un riesgo muy grande de deteriorar su relación personal con Dios, pues que toda palabra que escucha o lee nunca es para él o ella, pues al auto examinarse a través de lo que oyó o leyó se da cuenta que “no era con él o con ella”, pues su mismo auto concepto le hace creer que siempre está bien con Dios.

Es triste cuando creemos que no importando lo que hagamos estamos bien, que todo lo que predican nunca es para nosotros, sino para el vecino, que todo lo que leo me hace cada día darme cuenta que estoy bien y que soy perfecto en mi caminar.

El creerse perfecto es un enorme error, porque ninguno lo somos, menos si no le hemos pedido perdón a Dios, la Biblia dice: “Dios, desde el cielo, mira a hombres y a mujeres; busca a alguien inteligente que lo reconozca como Dios. Pero no hay uno solo que no se haya alejado de Dios; no hay uno solo que no se haya corrompido; no hay uno solo que haga el bien.” Salmos 14:2-3 (Traducción en Lenguaje Actual).

Es más, si tú te crees tan bueno, Jesús habla acerca de esto: “Yo vine a invitar a los pecadores para que regresen a Dios, no a los que se creen buenos” Lucas 5:32 (Traducción en lenguaje actual).

Dios vino a buscar a los que no éramos tan bueno y mucho menos perfectos, cuando Dios nos encontró estábamos perdidos, sin rumbo, sin esperanza, pero ahora Él nos ha perdonado y nos ha dado una nueva vida, con un futuro maravilloso a su lado, entonces, ¿Por qué llegar a creernos tan perfectos, cuando en realidad venimos de ser los más imperfectos que existían?

La Biblia nos avisa acerca de creernos demasiados perfectos: “Antes delquebrantamiento es la soberbia, Y antes de la caída la altivez de espíritu” Proverbios 16:18 (Reina-Valera 1960). Y también nos dice: “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga” 1 Corintios 10:12 (Reina-Valera 1960).

Lo malo no está en buscar la perfección, lo malo esta en creerse demasiados perfectos y perder de esta forma la humildad que tiene que caracterizar al hijo de Dios. Jesús dijo:“Pónganse mi yugo. Déjenme enseñarles, porque yo soy humilde y tierno de corazón, y encontrarán descanso para el alma” Mateo 11:29 (Nueva Traducción Viviente).

Debemos comenzar a ser humildes, a tomar cada palabra que escuchemos como un alimento que haga efecto en nuestra hambre de Dios, que al leer la Biblia tengamos siempre un corazón sencillo y dispuesto a aprender. Que nunca creamos que ya lo sabemos todo o que somos dueños absolutos de la verdad, seamos humildes para reconocer que estamos en un proceso y que hay muchísimas áreas de nuestra vida que todavía necesitan ser transformadas.

Más allá de creernos súper perfectos, creámonos necesitados de Dios, que no veamos a los demás por debajo de nosotros, que no menospreciemos a los que son más débiles que nosotros, que cada día tengamos la conciencia que hay áreas de nuestra vida que necesitamos que Dios trabaje y por lo tanto necesitamos humillarnos delante de Dios para que Él y solo Él pueda exaltarnos.

No perdamos el rumbo, que nuestro guía siempre sea el Espíritu Santo de Dios, que la humildad y sencillez siempre sea nuestra arma secreta para poder avanzar en esta vida cristiana, que nunca creamos que ya lo alcanzamos todo, sino que cada día luchemos como el primer día de nuestra vida cristiana para tratar de agradar a Dios en todo lo que hagamos y si algún día logramos ser un poco buenos, no usemos esas cualidades para menospreciar a otros ni para jactarnos de lo que somos, sino para enseñar que el único camino para hacer la voluntad de Dios está regido por la humildad y sencillez de corazón.

¡No eres perfecto, sino PERDONADO!

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sueño de libertad

Cierta vez estaba ofreciendo una conferencia en Londres
a mediados de diciembre y le hice una pregunta al público
que los dejó sin palabras:
—¿Cuántos de ustedes sienten que al finalizar este mes
estarán un año más cerca de su destino?
La mayoría me miraba como si estuvieran sumidos en un
coma cerebral.
—Lo preguntaré otra vez: ¿Sienten que con el nuevo año
se acercan más al propósito de sus vidas?
Obviamente no hubo respuestas, ni siquiera alguien que
asintiera con su cabeza. La mayoría solo existía sin más ni
más. Las vacas existen. Los sapos existen. Sin embargo,
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Sueño de
libertad
nosotros podemos elegir entre vivir o existir.
La mayoría de las personas que no tienen un destino solo
corren en un simulador. Es como si pedalearan en la bicicleta
fija de un gimnasio. Sudan, se fatigan, bajan libras, pero nunca
llegan a ninguna parte, jamás se mueven de su sitio. En diciembre
estarán en el mismo lugar donde los encontró enero.
Conozco individuos que nunca han hecho un balance de
los logros que estaban teniendo con respecto al año anterior.
No saben en qué enfocar su energía, ya que simplemente
están ocupados en sobrevivir, y como consecuencia se resignan
a vivir una vida gris, sin pasión, tratando de mantenerse
a flote.
No sienten que este nuevo año sean más íntegros que el
año que se fue. No saben si son mejores personas que el mes
pasado. Si son más espirituales o están más cerca de la meta
que hace dos días atrás.
Un querido autor amigo suele mencionar que hay tres
tipos de personalidades básicas con respecto a la óptica acerca
de la vida:
• Los que no saben que algo sucede.
• Los que preguntan qué sucedió.
• Los que hacen que las cosas sucedan.
Estos últimos son los que provocan a la vida, los que no
se resignan a vivir como seres pasivos, los que cada mañana
se levantan como invasores.
De modo lamentable, las estadísticas informan que el cincuenta
por ciento de los trabajadores se siente saturado debido
a las muchas horas que debe trabajar sin ver resultados.
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El ochenta y ocho por ciento no logra combinar su trabajo
con su vida personal.
Más del setenta por ciento no está feliz con el oficio que
le da de comer.
Y la mayoría de los cristianos sueñan con que serán plenamente
felices el día que dediquen su vida a tiempo completo
para Dios, mientras tanto, solo existen.
Todo radica en la falta de propósito, en la carencia de un
destino claro.
De forma periódica, me encuentro con personas que me
piden que eleve una oración por ellas.
—¿Para qué quieres que haga una oración por ti? —les
pregunto.
—Para que Dios me bendiga —me responden un tanto
molestos por mi cuestionamiento.
—¿Para que te bendiga en qué?
—En todo… para que me guíe en el camino.
—¿En qué camino deseas que te guíe?
Ahí es justo cuando me miran como si yo tuviese un problema.
No tienen idea de hacia dónde van, de en qué camino
necesitan que Dios los guíe, por eso mis preguntas los
incomodan y los sacan de quicio. Solo quieren una palabra
mágica e instantánea que los saque del letargo, no quieren
detenerse a pensar hacia dónde están yendo.
*****
Hace unos años apareció en Miami, Florida, un predicador
singular que se suele autonombrar como «la reencarnación
del anticristo», el cual ha logrado no solo que cientos
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de personas lo sigan, sino que hasta se tatúen el «666» en
los brazos u otra parte de cuerpo en honor a su «líder».
Siempre me pregunté: ¿Qué hace que la gente siga a un personaje
así? Y la respuesta es tan obvia que casi se nos pasa
por alto: El hombre sabe a dónde se dirige. Es consecuente,
siempre habla lo mismo y le transmite seguridad a sus seguidores.
No depende de sus estados de ánimo o sus hormonas,
sabe a dónde quiere llevar a los que lo siguen… y no
hay nada más atractivo que alguien que sabe hacia dónde
va. Puede ir al cielo o al infierno si sabe la dirección, pero es
seguro que llegará allí.
No obstante, conozco a otro hombre piadoso e íntegro,
que luego de tener una iglesia creciente, ahora solo cuenta
con una veintena de personas en su congregación. La razón
de esto, según me han contado amigos en común, es que
no es consecuente con su visión, cada semana parece disociarse
debido a una «revelación» nueva, así que la gente termina
por cansarse de un líder que no tiene un destino definido
y claro.
*****
En mi adolescencia, trabajé por dos años en la carpintería
con mi padre. Cargué tablones, ayudé a fabricar muebles de
estilo, aspiré aserrín en cantidades industriales, y me rebané
parte de dos dedos de la mano derecha con una sierra eléctrica.
Durante ese tiempo, le pregunté a mi padre si le gustaba
su oficio. «¿Quién trabaja en lo que le gusta?», me dijo. Fin
del diálogo. Él siempre fue un hombre de pocas palabras,
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trabajador, de esos que llegan a la fábrica media hora antes
de las seis de la mañana y solo se detienen para tomar un té
caliente al mediodía. Cuando había que mantener a una
familia, no quedaba mucho tiempo para cuestionar ciertas
dudas existenciales. Sin embargo, no tengo recuerdos de ver
a mi padre feliz por lo que hacía para ganarse la vida.
Él solo soñaba con el retiro. La jubilación era su puerto
deseado. Siempre me pregunté qué habría sucedido si en
realidad hubiera podido vivir de aquello que en su interior lo
apasionaba.
A través de estos años he conocido a muchas personas
que se deprimen los domingos por la tarde, solo porque
piensan que el lunes deberán dedicarse de nuevo a una rutina
que detestan.
El mismo jefe. Las mismas odiosas materias. Los mismos
compañeros. El mismo escritorio. El mismo problema que
dejaste el viernes, solo para retomarlo el lunes temprano.
Recuerdo que mi paranoia recurrente era vivir con un grillete
amurado a la esclavitud de no saber para qué comenzaba
una nueva semana. Fue entonces cuando decidí comprar
mi libertad. Dejar de ser un empleado para transformarme
en socio de la vida.
Siempre me ha gustado dibujar, así que empecé a enviar
mis dibujos a varias editoriales. Algunas, muy amables, me
contestaron que por el momento era imposible, mientras
que otras me ignoraron por completo. Por último, una flamante
revista que acababa de salir me concedió una entrevista.
Presenté mis bocetos y me contrataron por unos treinta
dólares mensuales. Era el primer salario que ganaba como
fruto de mi propio don, por aquello que sí me gustaba hacer
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y estaba lejos del aserrín de la carpintería.
—Tienes talento, muchacho —me dijo un hombre regordete
cuyo nombre era Juan Manuel, el director de una revista
llamada Desafío—. Por ahora solo podré pagarte un salario
simbólico, pero publicarás tu trabajo en mi revista. Y
tengo la corazonada de que llegarás muy lejos.
Y aunque en efecto el
dinero era poco, tenía
otro sabor, pues me lo
había ganado en buena
ley, dibujando, creando
sobre un papel en blanco.
Este era el pago por una
tira cómica titulada «El
mosquito Mel», que por
cierto hace reír hoy a mis
hijos cuando ven mi primer
personaje de ficción.
A partir de ahí trabajé
para varias publicaciones
más, aprendiendo poco a
poco el oficio de diseño
gráfico y hasta dando mis
primeros pasos con algunas notas periodísticas.
Por aquel entonces tenía dieciséis años, y fue cuando por
primera vez tuve conciencia de que quería comprar mi libertad.
Me dije que si lograba capitalizar mi talento, ya no tendría
que trabajar para otros o aceptar que alguien decidiera
cuánto valía una hora de mi tiempo.
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____________
Hoy soy un hombre libre
en el amplio sentido de la
palabra. Vivo de lo que me
gusta hacer, me pagan muy
bien por ello, y dispongo
de tiempo para invertirlo
en el reino de Dios.
Disfruto al llegar cansado
a la cama como resultado
de hacer lo que nací para
hacer. Aquello para lo que
fui creado.
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«Algún día voy a comprar mi libertad», me repetía mí mismo mientras subía al tren que me llevaba hasta la capital de Buenos Aires.
No quería enterrar mi sueño ni vivir esperando el retiro. Mi mayor temor era trabajar por el resto de mi vida en algo que no me gustaba, con un salario ínfimo y soñando con lo que pudo haber sido y no fue.
Así que en silencio seguí aprendiendo un poco de todo. Redacté mis primeras notas, aprendí a hacer copetes, volantas, a titular, a colocar epígrafes. Diseñaba a la vieja usanza (con las galeras de texto que venían desde la imprenta) y me quedaba tiempo para dibujar, que era por lo único que en definitiva me pagaban.
Con el correr del tiempo, descubrí que si había logrado que me pagaran algo por lo que sabía hacer, algún día quizás podría independizarme y tener más tiempo para servir a Dios, sin presiones económicas o de horarios. En pocos meses, diseñaba casi la mayoría de las publicaciones cristianas y escribía para casi todas, además de seguir dibujando. De modo paralelo a esto, nuestro ministerio con la juventud crecía desde la radio y los primeros estadios, una historia ya conocida.
Me costó casi dos décadas comprar mi propia libertad. Tener el tiempo y los recursos para administrarlos de la forma que Dios me dijera. Así que siempre les digo a las personas  que todos pueden hacerlo. Si no es ahora, será dentro de un tiempo, pero todos tienen la misma posibilidad. «La dádiva del hombre le ensancha el camino y le lleva delante de los grandes», dice Proverbios 18:16 (RVR-60). Esto se refiere a aquello que crees que te apasiona, a lo que hace
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latir tu corazón. Si te desarrollas en lo que crees que eres bueno, te pagarán por eso y se te abrirán las puertas. Lo que sabes hacer puede permitirte comer del fruto de tus propias manos.
«El que descubre su don, nunca más vuelve a trabajar», me dijo una vez un amigo de Los Ángeles. Esto significa que aquello que hagas para ganarte la vida ya no lo considerarás como un trabajo o una carga, sino como un escalón más hacia tu visión, tu destino en la vida. No importa si ahora mismo estás friendo papas en un negocio de comidas rápidas, si posees un norte, una meta, sabes que no morirás haciendo eso. Y es ahí cuando tu lunes ya no te resulta una jornada cuesta arriba, porque sabes que solo estás ahí de paso. Se trata solo de un peldaño hacia tu destino final. Hoy soy un hombre libre en el amplio sentido de la palabra. Vivo de lo que me gusta hacer, me pagan muy bien por ello, y dispongo de tiempo para invertirlo en el reino de Dios.
Disfruto al llegar cansado a la cama como resultado de hacer lo que nací para hacer. Aquello para lo que fui creado. Sin embargo, hay veces que el trajín de la vida cotidiana hace que me olvide de esto. Y es entonces que hago un ejercicio saludable: me detengo a mirar a toda esa gente que cada mañana sale a trabajar en lo que quizás no le gusta. Miro a aquellos que aspiran el aserrín de una vida que no eligieron, esperando el día en que obtengan su libertad. Cumplen diversas tareas que no los hacen felices, mientras sueñan con ser otra cosa. Los veo colgarse de los trenes, apretujarse en el subterráneo, o esperar bajo la llovizna helada el ómnibus de las seis de la tarde que los dejará en casa dos horas más tarde. Siempre me pregunto cuántos al final lo lograrán, y siempre llego a la misma conclusión: los que tienen a Dios juegan con ventaja. Si se atreven, ellos pueden lograr que su propio don los lleve lejos, les abra caminos. En el capítulo anterior mencioné que el verdadero juego  de la vida consiste en lograr encontrar el propósito para el cual naciste. Luego todo es más fácil, la cotidianeidad no se te hace un camino cuesta arriba, pues ahora ya tienes un puerto donde arribar. Durante muchos años estuve bajo las órdenes de diferentes jefes. Algunos de ellos eran buenos y afables, mientras que otros resultaron ser hostiles, déspotas, abusadores, personas que me subestimaban hasta el hartazgo, demostrándomelo cada día primero del mes al pagarme mi salario. No obstante, como el célebre personaje del libro La cabaña del tío Tom, de la autora estadounidense Harriet Beecher Stowe (la genial novela que dramatiza la dura realidad de la esclavitud mientras que la fe mantiene al protagonista enfocado en su destino), a mí me mantenía orientado de igual modo un solo pensamiento: «Estoy caminando hacia mi libertad, tengo el favor de Dios, sé que puedo lograrlo, si me esfuerzo y agacho la cabeza por ahora, algún día me pagarán lo que yo quiera valer». Un sitio donde llegar. Una visión. Un sueño de ser libre.  Hace veintidós años atrás, mirando las vías del tren, decidí cambiar mi herencia y obtener la licencia para soñar sin presiones. Fue en ese preciso instante cuando cambié el aserrín por la libertad.

“Para Ser Un Gran Líder Tienes Que Ser Un Gran Discípulo”

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Y el que de vosotros quiera ser el primero será siervo de todos

Introducción: La mayor parte de nosotros estamos pendientes en cómo superarnos, en seguir creciendo cada día más de manera espiritual, pensando así que todo debe estar enfocado en avanzar y eso es bueno en cierto modo, si logramos aprender las técnicas para alcanzar un propósito.

¿Que tengo que hacer?

Los Lideres no se hacen así mismos lideres,  nadie llega hasta la cima de una peña como el águila si primero no es polluelo, si primero no cae antes de aprender a elevarse para volar, si primero no tropieza muchas veces con una tormenta, si primero no atraviesa un desierto, si no es criticado y vituperado, muchos queremos la recompensa pero no estamos dispuestos a pagar un precio. “Todo aquel que quiera ganar su vida la perderá y todo el que quiera perder su vida por causa de mi la hallara”.

Para que aprendas a caminar sobre las aguas debes poner la mirada sobre el Maestro.

 Mat 14:28  Entonces le respondió Pedro,  y dijo: Señor,  si eres tú,  manda que yo vaya a ti sobre las aguas.

Mat 14:29  Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca,  andaba sobre las aguas para ir a Jesús.

Mat 14:30  Pero al ver el fuerte viento,  tuvo miedo;  y comenzando a hundirse,  dio voces,  diciendo:  ¡Señor,  sálvame!.

Cuando tú quieras aprender a enfrentarte a las tormentas y no caer cuando quieras equilibrarte en las alturas, empieza como un polluelo y está orgulloso de serlo porque va ha hacer eso que te va a llevar a la gran meta que espera por ti, primero que nada necesitas poner los ojos en Jesús el autor y consumador de la FE “Heb 12:2  puestos los ojos en Jesús,  el autor y consumador de la fe,  el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz,  menospreciando el oprobio,  y se sentó a la diestra del trono de Dios.” Él nos dio el ejemplo sufriendo hasta la cruz pero después fue puesto en lo más alto junto a Dios desde donde era, es y será su lugar de naturaleza Divina Filipenses 2.

Después que Dios te da el lugar de naturaleza debes aprender a utilizar tu identidad.

 

 ¿Eres águila o polluelo?

 

Lo más difícil es saber utilizar nuestra identidad En Cristo Dios nos dio a cada uno algo por el cual luchar y es el llegar a alcanzar el propósito de Él para con nosotros, antes de ser un águila madura debes crecer como polluelo, la mayor parte de nuestra vida la pasamos buscando que es lo que nos va llevar a subir un poquito más alto, para entender completamente lo que Dios nos quiere enseñar necesitamos conocer que hay un compañero de vuelo en nosotros que va a hacer que nosotros aprendamos a luchar con esa tormenta para poder vencer, como dijimos anteriormente lo difícil no es llegar a ser águila, porque es tu naturaleza En Cristo, lo difícil es aprender a ser un gran polluelo durante tu crecimiento solo los que siguen instrucciones de alguien que está por encima en un nivel más alto por la voluntad de Dios van a hacer que nosotros luchemos día a día por llegar a volar estos son los que  guían nuestros pasos, por eso es que se les llaman pastores, este es quien Dios a puesto para que lleguemos a equilibrar nuestro vuelo, es la pieza fundamental para llegar a ser un gran polluelo de nada no sirve tener un águila mayor e intentar superarlo o volar a la altura y la excelencia que él lo hace, debemos a aprender que  cada vez la tormenta es más fuerte y que mientras que vas creciendo en la madurez de tu naturaleza este águila mayor utilizara ciertas técnicas para que nosotros nos especialicemos no en ser águila sino en ser un gran polluelo por eso estas tácticas que el utiliza no son muy agradables ya que nos hace moldear un carácter por el cual podamos seguir luchando con barreras inalcanzables para que tengamos que volver a empezar muchas veces algo totalmente contradictorio pareciese pero al final podremos entender la importancia de lo que él nos estaba enseñando al Principio.

El águila mayor (Pastor) no nos hará crecer, nos ayudara a permanecer en equilibrio, a conocer nuestra naturaleza En Cristo, a utilizar nuestra identidad, después que logremos formar un carácter gracias al águila, necesitamos aprender que en este proceso está el amigo fiel quien es quien nos sostiene, y nos alienta a seguir intentando y Él es quien cada día ve nuestro valor y esfuerzo para lograr nuestra meta.

Pablo lo dijo de esta manera:

 1Co 3:4  Porque diciendo el uno:  Yo ciertamente soy de Pablo;  y el otro:  Yo soy de Apolos,¿no sois carnales? 

1Co 3:5  ¿Qué,  pues,  es Pablo,  y qué es Apolos?  Servidores por medio de los cuales habéis creído;  y eso según lo que a cada uno concedió el Señor.

1Co 3:6  Yo planté,  Apolos regó;  pero el crecimiento lo ha dado Dios.

1Co 3:7  Así que ni el que planta es algo,  ni el que riega,  sino Dios,  que da el crecimiento.

1Co 3:8  Y el que planta y el que riega son una misma cosa;  aunque cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor.

 

Si queremos el crecimiento espiritual necesitamos poner nuestra mirada en aquel que nos llamó Heb 12-2, el águila nos va a crear el carácter de avanzar y permanecer pero es Dios quien después que aprendamos a ser un gran polluelo nos entregara la identidad que tenemos por naturaleza En Cristo. 1Sa 2:26  Y el joven Samuel iba creciendo,  y era acepto delante de Dios y delante de los hombres.

Jer 10:23  Conozco,  oh Jehová,  que el hombre no es señor de su camino,  ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos.

Jer 10:24  Castígame,  oh Jehová,  mas con juicio;  no con tu furor,  para que no me aniquiles.

Todo esto va de la mano con la relación que nosotros tengamos con Dios en intimidad donde el nos pueda corregir, disciplinar o en su defecto nos hable con ternura y aprecio de Padre.

Mat 6:6  Mas tú,  cuando ores,  entra en tu aposento,  y cerrada la puerta,  ora a tu Padre que está en secreto;  y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.

 

Solo en la Presencia de Dios nosotros conoceremos y entenderemos  el fin de todas las  cosas, cuando nosotros estamos buscando la forma de llegar a nuestra naturaleza vamos a estar dispuestos a pasar un tiempo para practicarla en verdad una de las mejores formas es el hablar con nuestro Padre (Dios) , el reino de Dios lo arrebatan los valientes mientras aprendes a estar delante del águila cada día para volverlo a intentar debes pedirle a Dios la Fuerza Para vencer cada día, Luego que ya tengamos nuestra identidad nos hace propicios para alcanzar cosas inalcanzables el águila no se detiene pero gracias a las enseñanzas para ser un gran polluelo ahora puedes dominar la naturaleza de águila, por eso siempre debes entender que el hecho de estar en tu naturaleza no hace que vueles por encima del águila mayor sino lo contrario apoyar tu hombro sobre él para levantarlo tienes que recordar que eres un gran polluelo y no un gran águila aunque tu naturaleza es esa lo aprendiste  de alguien que siempre estará por encima de ti así que no lo olvides mientras mejor polluelo seas mayor águila serás .

 

Aprendamos a ser buenos aprendices como lo fueron grandes hombres que están en la palabra de Dios porque Dios se agrada cuando nosotros somos grandes discípulos

Moisés a Josué

 

Num 27:18  Y Jehová dijo a Moisés:  Toma a Josué hijo de Nun,  varón en el cual hay espíritu,  y pondrás tu mano sobre él;

Num 27:19  y lo pondrás delante del sacerdote Eleazar,  y delante de toda la congregación;  y le darás el cargo en presencia de ellos.

Num 27:20  Y pondrás de tu dignidad sobre él,  para que toda la congregación de los hijos de Israel le obedezca.

 

Pablo a Timoteo

 

 2Ti 2:1  Tú,  pues,  hijo mío,  esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús.

2Ti 2:2  Lo que has oído de mí ante muchos testigos,  esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros.

La mayor parte de nosotros estamos pensando en ser muy grandes pero se nos olvida la dicha de ser muy pequeños, todo lo que empieza pequeño Dios lo termina grande miremos lo que le paso a Nehemías que empezó siendo el copero  del rey, esto lo hacía con mucha pasión y lo que tenía que hacer era simplemente probar el vino y la comida del rey, como servidor el se sentía orgulloso de lo que hacía porque sabía que mientras más aprendiera a ser un discípulo su naturaleza de líder se profundizaría cada día mas, el líder se caracteriza porque tiene la habilidad de alentar a un pueblo ha establecer o cumplir una visión, vamos a tener muchas dificultades y muchos oponentes pero no lo olvides que tu naturaleza es ser águila que nadie pueda cambiar tu identidad por naturaleza En Cristo, recuerda algo que mientras valores y permanezcas en lo que Dios te dio entonces Él nos perfeccionara el camino por el que transitamos es como una escalera  para subir al otro nivel debes pasar paso por paso y equilibrarte en cada uno para pasar al siguiente, en lo poco me has sido fiel en lo mucho te pondré.

Gen 28:15  He aquí,  yo estoy contigo,  y te guardaré por dondequiera que fueres,  y volveré a traerte a esta tierra;  porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho.

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Un Ayuno Diferente

Un ayuno Diferente

El ayuno era una práctica común entre el pueblo antiguo.En el Antiguo Testamento encontramos varios ejemplos: Moisés (Deut.9:9); David (2 Sam.12:16); Daniel (Daniel 9:3). Era una tradición para ¨afligir el alma¨ Lev.16:29.

En todo el tiempo que hemos estado en el evangelio nos han enseñado que ayunar es bueno, y la escritura dice que a través de el podemos obtener FÉ para hacer milagros, es decir que el ayuno es el método que Dios utiliza para echar fuera de nuestra vidas la incredulidad, que ha sido el obstaculo más grandes del pueblo para no ver maravillas de Dios.

¨Pero este género no sale sino con oración y ayuno¨Mateo 17:21.

Si bien es cierto que este ayuno es necesario y bueno para nuestras vidas espirituales, sin embargo hay un ayuno muy especial. Todo lo que perturba tu relación intima con Dios debes sacrifacarlo ante él, reconociendo lo que te quita el tiempo para que no busques su presencia, un ayuno que te haga morir a tus agendas diarias y decirle Señor estoy Disponible para Ti, donde el (yo) ego se derribe.

Y es ahí donde la presencia de Dios hará que tus fuerzas se recuperen.

Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas; porque a ellos les gusta ponerse en pie y orar en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos por los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa.Mateo 6:5  

Mas tú, cuando oras, éntrate en tu cámara, y cerrada tu puerta, ora á tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en secreto, te recompensará en público.Mateo 6:6